El origen de la kombucha

Origen de la kombucha

El origen de la kombucha

Hay sustancias cuyos beneficios se conocen desde la Antigüedad. Por ejemplo, el vino en las civilizaciones mediterráneas, del cacao en la América prehispánica o de la cerveza en casi todas las culturas del mundo. Éstas y muchas otras continuaron como parte de la tradición de los pueblos, como costumbres que no se abandonan, sino que se actualizan con el cambio de las generaciones. En este sentido, uno de los mejores ejemplos que ofrece el lejano Oriente es el de la kombucha, cuyo uso puede ser rastreado hasta eI siglo II a.C., concretamente en China. Así que si bien el resurgimiento y la popularización del famoso «hongo del té» — la kombucha — es reciente, sus beneficios ya hace muchos siglos que fueron enumerados. Así que si quieres conocer sobre el origen de la kombucha, no te pierdas este artículo.

El origen asiático de la kombucha

Si bien al explicar qué es la kombucha hacíamos referencia a que esta bebida bien podría tener varios orígenes, parece que lo más probable es que el origen de la kombucha sea chino. Así, en registros del año 221 a.C. ya se hace referencia a la kombucha, resaltando su uso como digestivo y revitalizante. También se conocían sus virtudes como laxante, estimulante, vigorizante y como tratamiento para problemas digestivos. Es decir, que para ese año, año de la dinastía Tsin, ya la kombucha se consumía de forma generalizada en China. No hay ningún registro de uso más antiguo que éste, por lo que consideraremos a China el punto de partida.

En Japón, en cambio, el origen de la kombucha no está documentado sino hasta comenzada la Edad Media. Hay dos leyendas que intentan explicar el origen de la kombucha en Japón. Una de ellas cuenta que, cuando los Samurais entraron a China, se encontraron con pueblos en los que los ancianos tenían más de 100 y lucían aún fuertes. Intrigados, estudiaron sus rutinas, descubriendo que la ingesta diaria de kombucha era parte de la alimentación de dichos pueblos. Así fue que se llevaron el hongo del té de regreso a Japón, donde lo hicieron parte de su tradición.

Otra leyenda cuenta que, hacia el siglo V, un doctor coreano llamado Kombu trató al emperador japones Inkyo con «te de hongos». El resultado fue tan efectivo que el emperador adoptó el famoso brebaje — la kombucha —, difundió su uso por Japón y lo llamó kombucha en homenaje al doctor.

Desde China, la kombucha se extendió a Japón, Corea, India y Mongolia. Y en el siglo XIX, el té de hongo migró de Mongolia — donde era considerado una bebida nacional — a Rusia. La kombucha se popularizó rápidamente en Rusia, donde se tomaba no sólo como bebida cotidiana, sino también como tratamiento médico y elixir de la eterna juventud. Finalmente, fue a través de Rusia que la kombucha encontró paso al mundo occidental.

La kombucha después de la Segunda Guerra Mundial

Los soldados rusos son en gran parte responsables del origen de la kombucha en el mundo occidental. Estos, siguiendo una tradición de casi un siglo, consumían té de hongo diariamente, incluso en plena Segunda Guerra Mundial. Durante los momentos más crudos de la contienda, la kombucha llegó a ser lo único que tenían para poder alimentarse. Los soldados americanos y europeos atestiguaron los efectos estimulantes y revigorizantes de la kombucha en muchos de sus diarios. Sorprendidos por los beneficios de la kombucha, llevaron el hongo a sus países de origen, donde, con los años se popularizó.

Así, en mitad del boom económico del capitalismo de los años 50, la kombucha consiguió espacio para crecer. Se promovieron estudios sobre su composición y sobre sus beneficios, se generaron experimentos de fermentación con otras bebidas y otros sabores y se impulsó la producción de la kombucha como bebida en diversas presentaciones.

El hongo a partir del cual se origina la kombucha es resultado de la fermentación de las hojas y brotes de la camillia sinensis, la planta del té, por lo que se cree que es posible que el primero de estos hongos fuera el resultado de alguna taza de té olvidada. Así, cuando el hongo entra en contacto con el té dulce, este comienza a fermentarse, generando alcohol de la fermentación de ese azucar. Finalmente, una vez fermentado el té, este puede mezclarse — e incluso fermentarse de nuevo — con otras ingredientes.

Por último, la kombucha es una bebida con casi 3 milenios de edad y que hemos heredado de la sabia cultura de la antigua China. Ahora, redescubierta, inventamos cada vez más y más nuevas formas de adaptarla a nuestro presente.

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